La novela Blanca Olmedo es una de las más conocidas en Honduras. Y quizá,
al igual que Prisión Verde, se le reconoce no por su mérito
literario, sino por lo que tiene de crítica social.
Blanca Olmedo, una novela romántica escrita a principios del siglo XX,
resulta ya anacrónica para su época, porque el período cultural del
romanticismo ya se consideraba superado para ese tiempo.
Al contrario de Prisión Verde, que es una novela que trata de reflejar
las vivencias de la gente humilde en los bananales de la Costa Norte, en Blanca
Olmedo los protagonistas gozan de una exquisita educación que les permite usar
siempre un lenguaje refinado. En las tertulias a las que asisten estos
personajes se ejecutan piezas musicales famosas en Europa. El lugar de la
acción aparece como una ciudad indeterminada en algún país del continente
americano. Es hasta la última página del libro que nos damos cuenta que la
acción se desarrolla en la ciudad de Danlí, Honduras, de dónde también es
originaria la autora, Lucila Gamero de Medina.
De hecho, la protagonista de la novela, la señorita Blanca Olmedo, guarda
cierto parecido con la autora, especialmente en lo que concierne a su
perspectiva filosófica y religiosa. Doña Lucila gustaba de definirse a sí misma
como “librepensadora”, al igual que lo hace Blanca Olmedo en el libro. Lucila
Gamero y Blanca Olmedo parecen profesar una cierta tendencia hacia el panteísmo
y formulan fuertes críticas en contra de la religión católica-romana.
Blanca Olmedo es una historia trágica, es la historia de una joven que
lucha por ser feliz en contra de una adversidad que la acecha a cada paso y que
al final no logra vencer. Blanca Olmedo es una muchacha ejemplar, bella e
inteligente, cualidades que en vez de favorecerle le atraen enemigos que no
cejan en su empeño por destruirla.
Las desgracias de Blanca Olmedo comienzan cuando el personaje Elodio
Verdolaga se ofrece para llevar los asuntos legales de su Padre, don Carlos
Olmedo. Verdolaga se pone de acuerdo con el demandante para perjudicar a don
Carlos, haciéndole perder sus bienes, y también pretende aprovecharse de la
desgracia económica de la familia para aprovecharse de Blanca. Don Carlos se da
cuenta de la traición de Verdolaga y se lo comunica a su hija Blanca, que desde
ese momento empieza a despreciar a Verdolaga con todo su ser. Don Carlos muere
poco después, agobiado por la desgracia.
Elodio Verdolaga es retratado como el perfecto sinvergüenza, como un caballero de industria, es decir, una persona sin
escrúpulos que engaña, miente y estafa a cualquier incauto. Verdolaga está
casado y tiene hijos, pero eso no es obstáculo para sus pretensiones de poseer
a Blanca. No tiene título de abogado, pero aun así ejerce el derecho, y por
medio de su astucia logra llegar al puesto de Juez de Letras, ante el asombro
de Blanca, que ve como un hombre que es el epítome de la corrupción y el
cinismo es premiado por el Estado con el puesto de administrador de justicia.
Blanca logra conseguir trabajo como institutriz en la casa de la señora
Micaela Moreno y se hace amiga de su alumna, la señorita Adela. Adela es una
adolescente que pasa muy enferma, agobiada por la manera estricta en que la
cría su tía, la señora Micaela, quien es una fanática de la religión católica,
del conservadurismo católico de su tiempo. Doña Micaela está convencida de que
las diferencias entre las clases sociales existen por la voluntad de Dios, y
que las personas que tienen dinero como ella no deben de tener relaciones de amistad
con personas más desafortunadas. Por lo tanto, ella considera que Blanca Olmedo
no es digna de su amistad, ni de la amistad de su sobrina ni de su hijo, porque
es de una clase inferior. Doña Micaela se
aferra a esta creencia retrógrada, a pesar de que Blanca Olmedo fue despojada
de su herencia por medio del engaño –no nació pobre– y que tiene mayor
educación y buenos modales que ella, que se cree superior solo por el hecho de
tener más dinero.
Doña Micaela es instruida en asuntos religiosos por el joven Padre Sandino,
quien la visita asiduamente con el objeto de ver a la joven Blanca, de quien se
enamora de manera enfermiza, y a quien pretende conquistar, a pesar de que sus
votos religiosos de castidad se lo prohiben. El padre Sandino llega hasta el extremo
de renegar de su religión delante de la señorita Blanca, con el afán de
convencerla de que sus votos de castidad no significan nada para él, mientras
en público aparenta ser un modelo de piedad cristiana. El padre Sandino sufre
el lógico rechazo de Blanca.
El joven médico Gustavo Moreno, hijo de doña Micaela no tarda en darse
cuenta de la belleza de Blanca Olmedo y en pretender su amor, pero Blanca,
sabiendo la opinión de doña Micaela trata de esquivarlo por todos los medios, y
se hace amiga del joven Joaquín Leiva, quien llega a visitarla frecuentemente.
Leiva termina también enamorado de Blanca, pero ésta también lo rechaza.
Al final Gustavo logra vencer la resistencia de Blanca y la hace su novia.
Esto provoca el esperado rechazo visceral de doña Micaela, quien se resiste a
que su hijo se case con una mujer que ella considera inferior. Gustavo logra
apaciguar a su madre por un tiempo, mientras el padre Sandino y Verdolaga
conspiran juntos para separar a la pareja. Para ganar tiempo le aconsejan que
se posponga el matrimonio, y a esta petición Gustavo accede gustoso.
Elodio Verdolaga propone hacer uso de sus influencias políticas para mandar
a Gustavo a la guerra, reteniendo las cartas que éste mande a su novia. Doña
Micaela accede a este plan, a pesar del peligro que representa para su hijo.
Después de que Gustavo parte a la guerra, doña Micaela despide a Blanca de
la casa, no sin antes haberla insultado haciéndose eco de las calumnias que le
comunicaron el padre Sandino y Verdolaga. Verdolaga le había dicho que Blanca
había sido su amante. El padre Sandino acusó a Blanca de tratar de seducirlo. A
estas calumnias Doña Micaela agregó la acusación de que Blanca había seducido a
Gustavo por interés material, y de que lo había “prostituido”.
Blanca sale muy agitada y enferma de la casa de doña Micaela y se va a
refugiar a la casa de la que había sido su empleada doméstica, quien le contó
el secreto de que en realidad Gustavo no era hijo de doña Micaela.
Blanca no logra comunicarse con Gustavo. Las cartas que ambos se dirigen
son retenidas por el correo, a instancias de Verdolaga. La salud de Blanca
empeora cuando Verdolaga publica sus calumnias en un periódico. Al final Blanca
muere con su vestido de novia, sin haber visto a Gustavo. Cuando Gustavo regresa
de la guerra y es informado de la situación se suicida y la joven Adela muere
de la impresión que le produjo la muerte de Gustavo.
En el epílogo, un epitafio en el mausoleo en que sepultaron a Gustavo,
Blanca y Adela reza: Víctimas inocentes de un
Representante de la Justicia, de un Representante de la Religión Católica y de
una Mujer Fanática. El cura Sandino desaparece del lugar, Doña
Micaela se arrepiente del mal cometido y funda un asilo para ayudar a chicas
pobres y Elodio Verdolaga es condenado a cadena perpetua por sus múltiples
crímenes.







0 comentarios:
Publicar un comentario